miércoles, 3 de julio de 2024

Resiliencia




 

Quiérete


 

Salvar no es amar

 Llegamos a las relaciones pensando todo lo bueno que somos capaces de entregar, creyendo que podemos curar a las personas, exorcizar sus fantasmas, comprenderlas en toda su plenitud y en acto de supina soberbia ver lo que ellos y ellas no son capaces de ver pero nosotros y nosotras sí porque somos más intuitivos y más inteligentes y en definitiva mejores personas.

Así, buscamos personas misteriosas e inaccesibles.

Cuánto menos las entendamos más nos empecinaremos en amarlas en cubrirlas con nuestra redención.
El amor no es una excusa para tu bondad.
El amor no va de rescatar a nadie de nada.
El problema es que nos han educado en el cuidado.
En el olvido de una misma, de uno mismo.
En la entrega sin concesiones, sin medida.
Es tan dañino darlo todo como no dar nada, porque en ambos casos el sujeto amado se desvanece, en ambos casos la otra personas es una proyección de nuestras carencias.
No se puede amar desde la carencia.
Porque lo único que consigues es más carencia.
Y así, después de quinientos intentos repitiendo el mismo patrón, que no es otro sino un desprecio inicial hacia tu persona basado en la incapacidad de la otra persona de entregarse y que tú confundes con un interés extraño y atractivo.
Ahí estás, atrapada/-o, en una relación en la que tú siempre estás disponible para todo.
Frustrada o frustrado porque todo lo bonito, todo lo tuyo de verdad, toda la niña o niño que eres, tus ilusiones, lo que nadie más conoce, lo que muestras, tu vulnerabilidad, están en manos de alguien que no se da cuenta de absolutamente nada.
Es tu responsabilidad recoger del suelo todo lo que estás donando promiscuamente y limpiarlo y cobijarlo y darle el valor que se merece.
El valor que te mereces.
Porque amar no es salvar.
Amar es construir en libertad.
Es respetar.
Es acompañar.
Es dejar ser.
Para poder sentir de manera hermosa la manera en que la vida nos recorre por dentro.
Y cómo recorremos, nosotros y nosotras, la vida por fuera.
- Roy Galán -

martes, 2 de julio de 2024

Abandonar y sanar

 Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión. Cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón: ‘Basta, hasta aquí he llegado’. Ni mil ejércitos de ego y ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad.

Ahí se abren las puertas de su propia alma y comienza el proceso de sanación. El proceso que la devolverá poco a poco a si misma, a su verdadera vida.  Y nadie dijo que ese camino sea fácil, pero es ‘el Camino’. Esa decisión en sí, abre una línea directa con su naturaleza salvaje y es ahí donde comienza el verdadero milagro».

-Mujeres que Corren con los Lobos. Clarissa Pinkola-Estés

Autor: desconocido.





Estándares elevados




 

Mil veces

Trate una y mil veces de entenderte, te justificaba tus faltas, te perdone mil veces y decidiste no cambiar.

 Pensé que al formar una familia todo seria diferente, que mi hija y yo seriamos tu prioridad. Me dejaste muy claro a quien tu prefieres, a quien amas con el alma y no vas a dejar. 

Dolió mucho el comprender que tu amor era mentira, que el tiempo que compartías eran solo migajas, que nunca nos viste como tu familia, que solo buscabas tu bienestar, que fuiste un egoísta, que me manipulaste mil veces, por que yo en ti creía y aunque mi madre me lo decía, mi amor ciego no te podía dejar. 

Tenía la esperanza que me amaras como yo te amaba, que mi sueño de una familia se hiciera realidad, tu siempre pusiste pretextos, nunca quisiste dejar tus excesos, yo siempre tenía la culpa de nuestras discusiones, yo era la exagerada, la loca que tergiversaba la realidad. 

Hasta ahora he comprendido la triste realidad, de este amor no correspondido, del tiempo perdido, de tu verdadera cara.



Autor: Rosario Edith Valdez Tucari.

Yo siempre puedo más

Ya lo entendí, después de tanto tropezar con la misma piedra

Autenticidad

Amate a mi misma, al final del día si te pierdes tu, pierdes todo

Solo te necesitas a ti, a nadie más

Al final de la tormenta siempre aparece el arcoiris